domingo, 21 de septiembre de 2008

Me enseñaste a percibir colores que nunca mis ojos volverán a ver, me enseñaste a quererte sin querer, me enseñaste que el amor tiene dos maneras de vivirse, una desde el corazón – el que siempre entendí como la mejor forma de amar – y el otro con la cabeza. Me enseñaste que una vida no es vida si no se vive como uno ha escogido vivirla. Me enseñaste a ver el mundo con tus ojos – tu mágico y misterioso mundo – yo ni siquiera logré enseñarte el mío, tal vez porque es demasiado pequeño para tu bagaje, tal vez porque es poco para enseñarte a ti. Me has enseñado a quererte a ti y fue tan fácil.....sólo tuviste que sonreír y dejarme viajar a tu lado en alguno de tus soñados viajes, que tan sólo con tus palabras volviste a hacer brotar en mi corazón algo que tenía olvidado en el pozo del pasado. Tal vez algún día pueda enseñarte que cuando uno no tiene esperanzas siempre queda una esperanza, porque siempre pasa algo que no esperas que suceda alguna vez, por ejemplo tú, que no estabas en mis planes, ni en mis esperanzas, ni siquiera estabas donde se suponía que tenías que estar. En alguna parte he oído una frase que me gustó cuando la escuché en otros labios “Y mientras alguna voz suena en la casa de al lado, la tuya suena en mi corazón” no es una gran frase, ni está escrita por alguno de esos sabios que tanto están de moda a la hora de citar frases grandilocuentes, pero dice lo que te quiero decir, porque expresa lo que te quiero contar. Tal vez, si el tiempo me lo permite – ojalá lo haga que tengo muchas cosas que aprender de ti y muchas más que decirtepuedas enseñarme a quererte como a ti te gusta que te quieran y tal vez, si eso llega a suceder, yo pueda enseñarte a ti a quererme como tu quieras quererme, que no es poco para un aprendiz como yo. Tú me enseñaste a poner velas en mis sueños, alas en mi boca, me recordaste algunas viejas recetas sobre como se debería o no se debería querer, me colocaste ante el espejo de tu vida para que yo pudiera pintar en mi corazón alguno de sus retazos – y te juro que me que he quedado con los mas hermosos – me enseñaste a pintar poemas en los papeles y soñar palabras en mis horas vacías. Y que puedo enseñarte yo que no sé enseñarte nada, que tan sólo sé decir aquello que siento – porque es verdad que lo siento – y quiero seguir disfrutándote mientras me enseñas, seguir soñándote mientras tu sueñas. Me enseñaste tu mundo y a mi me gustaría enseñarte el mío, pero me temo que no será un mundo suficiente para ti, acostumbrada a recorrer todos los mundos; pero lo intento, créeme que lo intento de la mejor manera que sé, con mi mochila cargada de recuerdos y mi corazón dispuesto a entregártelo para que puedas oír su voz. Me enseñaste tantas cosas hermosas, tanta luz y tantas sonrisas. Y que la capacidad de reír juntos es el amor, cuando el sol se va poniendo y los congregados a la voz de este bardo se retiran a sus asuntos, en un apartado susurro podré al menos enseñarte mi sonrisa dentro de una mirada y decirte con ella que te quiero con todo mi corazón y por completo, con el amor de una mujer, la lealtad de una amiga, la preocupación de una madre y la confianza ciega de ser tu cómplice. Porque cambiaste de manera maravillosa y sorprendente mi vida entera... déjame, al menos, enseñarte eso.

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Yatt


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